Nuestras Noticias
Brenda Navarrete

Con un nuevo disco en preparación y un proyecto en colaboración con Cimafunk y Leoni Torres, la artista no detiene su actividad en medio de la pandemia de COVID-19

Brenda Navarrete es energía –positiva, vivaz, musical–; a la energía ella le canta, y también a todo lo que se mueve, a lo que camina, a todo lo que respira, a las tristezas, alegrías, a las raíces, a la negritud, a la pureza.

En cada presentación que realiza, se antoja que Brenda habita los tambores, que con cada golpe sobre el cuero es mayor su simbiosis con el instrumento y, a la sazón, con las raíces afrodescendientes.

El intercambio con otros músicos a lo largo de su carrera ha permeado su impronta como vocalista, percusionista, compositora y bailarina, al punto de reconocerse como fruto de esa
diversidad, y dentro de la cual, solo el tambor la hace diferente y única.

La talentosa y versátil artista advierte que su fascinación comenzó en el momento en que descubrió toda la interacción, la musicalidad, el ritmo, toda la conexión, la conversación que se tiene alrededor de los tambores batá.

En exclusiva con la Guía MSK, Brenda revela que pasar un tiempo en compañía de sus amigos, o tocar y escuchar a solas algo relacionado con la rumba y las congas, con el cuero y la percusión, son los catalizadores principales de sus fantasías.

Uno de esos sueños era armar una orquesta de mujeres, algo distante al día de hoy, reconoce, para luego retomar con vehemencia el deseo de reunir a un grupo de mujeres fuertes, dispuestas a despojarse de los estereotipos asociados a los instrumentos y a la estética femenina.

“En el caso de la percusión, subraya, son instrumentos de verdad agresivos: cuando tienes que darles a los tambores no puedes acariciarlos o tocarlos con la puntica del dedo: les das o les das, no hay de otra.

“Estuve en un proyecto femenino que se llama Obini Batá, fue como parte de mi sueño hecho realidad, pero no es lo mismo que dirigir uno propio, con mujeres, pero sin nimiedades, nada de: ‘me duele aquí’, o ‘tengo que maquillarme’, o ‘¡ay, las uñas se me partieron!’. Cuando tocas el trombón o la trompeta, de nada vale pintarse los labios; si es el violín, las uñas deben estar al límite para poder plisar las cuerdas, lo mismo para el piano o la percusión… aunque en el caso de la percusión se puede tocar con las uñas largas, ya lo he experimentado”.

Preguntamos entonces cuánto ha cambiado la artista que comenzó su proyecto en 2013 con relación a la que vemos hoy. Reflexiona unos segundos y responde, entre risas, como si lo acabase de notar, que no existe diferencia alguna.

“Han pasado los años –comenta– y he adquirido más vivencias, pero es la misma motivación, son las mismas ganas de hacer, son las mismas confusiones, las mismas indecisiones, casi siempre. Cada quien tiene un niño viviente, que siempre está ahí, yo siempre trato de alimentarlo, cuando se va ese espíritu
infantil, se pierde la gracia, las ganas de sonreír, de jaranear cuando hay algo que no está bien… Creo que soy la misma, un poquito más intensa, un poco más madura, con 30 años, pero la misma”.

La mayor de las variaciones en este período la ha impuesto una pandemia que obligó al recogimiento, al distanciamiento social y, por supuesto, a cambiar los escenarios tradicionales por los virtuales, algo a lo que Brenda Navarrete ya estaba habituada.

Prefiere Instagram sobre Facebook –es más serio, dice–, una herramienta más elaborada, con gráficos que le resultan más agradables y con menos tráfico de información superflua.

Esta temporada la ha forzado a hacer un uso más frecuente de las redes sociales desde la perspectiva de un instrumento que permite lo mismo difundir sus proyectos musicales, que enseñar a tocar el tambor, o bien trazar las primeras ideas para una nueva producción discográfica.

“Ha sido una etapa para reflexionar, cuando estás sobre la marcha no tienes tiempo de pensar, pendiente de los conciertos, de las colaboraciones… O dices: ‘me hace falta sacar una canción nueva’, ‘¿qué es lo que se oye?’, y pocas veces tienes la oportunidad de examinar las tendencias musicales.

“Estoy en el proceso de conectar lo que puede gustar tanto a los músicos, como a las personas que no lo son. Casi siempre, los músicos tenemos preferencias un poco más nítidas. Nos gusta la música que nos puede enseñar, que nos puede conectar, casi todos los que conozco prefieren el jazz o la música folclórica, porque nos puede enseñar desde la tradición.

“Por otra parte, la música comercial tiene muchísimo empuje y atrae a gran cantidad de personas, ¡y a mí me gustan las masas!

“Entonces estoy debatiéndome en la búsqueda de ese punto medio. Me gusta mucho cambiar la energía de las personas a través de la música, y debo tratar de unir dos extremos para que la disfrutes tú, tu niña de dos años, tu abuela de 97, tu papá de 62; o yo, que tengo 30; o ella que tiene 23; sin que deje de ser algo que te eduque, y sin llevarlo completamente a ser algo chabacano, o vulgar, o muy ‘fresa’, muy simple”.

Además de este proyecto, otro en colaboración con Cimafunk y Leoni Torres ocupa su atención en las últimas semanas. Aunque poco puede revelar, apunta que este resultó de la energía y las conexiones humanas.

En la génesis de este sencillo mucho influye la confluencia de Brenda Navarrete y Cimafunk en los predios de Interactivo, pues en las distintas sesiones ambos descubrieron la chispa de sus presentaciones cada vez que coincidían en el escenario.

“Él tiene sus maneras de improvisar, de moverse y de representar lo que defiende en la escena, y yo tengo la mía; cuando nos juntamos yo creo que esa mezcla es espectacular”.

Brenda confiesa que muchas veces se sorprendía cuando les llegaba el momento de improvisar. La libertad creativa es tan grande que cuando Cimafunk la invitó a participar en su primer proyecto en solitario, ella terminó rapeando, algo que en ningún momento habían ensayado y que tuvo muchísimo éxito entre el público.

“Leoni Torres me comenta entonces que llevaba un tiempo siguiéndonos en las redes, que le gustaba el swing, la energía entre Cimafunk y yo, y que quería sumarse a eso. Así salió el tema, me envían la canción, yo chequeo todo, hago los momentos y listo, voilá, ya está grabada, no puedo dar más detalles”.

Y quiere hacer más, porque le apasiona enseñar, le encantaría abrir una academia, dar clases en todas las provincias, en las Escuelas de Arte, compartir lo que ha aprendido, cómo lo ha hecho y cómo sigue aprendiendo; le interesa, sobre todo, que las nuevas generaciones de músicos tengan la oportunidad de aprender acerca de sus raíces.

Con ello, Brenda revive una parte importante de su historia: cuando estudiaba se sentía un poco perdida, a pesar de su amor por la percusión, sentía que algo le faltaba, hasta que la persona más inesperada la ayudó a descubrir qué instrumento quería defender y por cuál género apostar.

Casualmente el joven de la historia, Leandro, había llegado unos minutos antes, aunque prefiere asentir y escuchar el relato en la voz de Brenda, quien recuerda que tendrían, él 14, y ella 17 años, en el momento en que le presentó una tumbadora.

“Me dijo: suena así, y la toqué y tuve una conexión especial con ese instrumento, y sentí que si le daba otras tres veces, me pintaba la boca de rojo y me ponía unos zapatos verdes, podía encontrar un camino, aferrarme a un ritmo, único, que podría defender toda la vida.

“Yo encontré mi fuente de inspiración para hacer todo lo que hago hoy: cantar, bailar, actuar, llevar mis redes sociales y organizar talleres para niños y adolescentes, porque quiero transmitir lo poquito que yo sé. Es una manera de que ellos sepan de dónde vienen, de dónde salen todos esos ritmos, que son muy tradicionales. Quiero expandir esto, si tengo una herramienta que puede alcanzar a miles de personas la voy a utilizar”.

Brenda Navarrete asombra, por su talento, por su originalidad, por su carácter y, especialmente, por su certeza de que, en la música, reside el poder de cambiarlo todo.